J no doma chuparrosas

J no doma chuparrosas: las adiestra para que vayan del balcón a tu sombra, del canal a las vías, del jardín a la enredadera. Traza cartas astrales en tus fotos en las que el sol se pierde en los fogones y en las ramas por las que no me ando.
El amor es olor y tú lo sabes; es textura, candor, reino que habita los manteles.
Es un sabor que flota en la hendidura.
Un platillo de nacionalidades.
La salsa que adereza el pensamiento.
La chuparrosa enciende su flama y crepita el aceite y las especias. Humedad y canela, porcelana y maíz, teflón hermafrodita como su nombre. Puerta a la exquisitez, a la sonrisa saciada, adivinada. La sagrada manera de combinar cielo mar y tierra. Todos los días, en este sitio se compone el mundo. Se reza con las manos por la paz y el amor, por un futuro navegable.
La comida es primero, afirma J mientras aliña un trozo de ambrosía, El templo donde se consume también.
La chuparrosa es símbolo, Bacurimí la sede de los acuerdos memorables.
La Chuparrosa Enamorada es el conjuro.
El espacio donde tu sonrisa es el lenguaje de los Dioses que comen.
Elmer Mendoza